LA VIEJA TETERA

168
0
Compartir

teteraEsta historia trata de una antigua tetera de porcelana, muy costosa y elegante, que encabezaba el juego de té en todas las celebraciones importantes de la familia a la que pertenecía.

Tanta importancia la había vuelto vanidosa, y solía enorgullecerse de su alta estatura y su largo estilizado pico ante los pequeños y tímidos pocillos y la modesta jarrita de la leche . Aunque solía aburrirlos a todos con sus aires de princesa, cada uno sabía que no era mala en el fondo y sospechaba que debía sentirse triste y vacía, pues siempre la guardaban aparte, en una repisa de vidrio para protegerla de los golpes.

Un día sucedió  algo terrible: la señora contratada para servir el té en una elegante recepción de la familia, tropezó y cayó al suelo aparatosamente justo cuando llevaba la tetera en la mano. La tetera salió dando vueltas por el aire y cayó a varios metros de distancia.

Cuando fueron a recogerla, notaron que se le había partido el pico y tenía una ancha rajadura de un lado a otro.

La vida de la tetera cambió desde entonces, pues sus dueños desistieron de repararla y se la regalaron a la misma señora que la había dejado caer. La señora, agradecida, se la llevó para su casa, sin saber muy bien qué hacer con ella. No podía utilizarla como tetera, pues el té se escapaba por las grietas del pico y la barriga como si se tratara de una regadera; tampoco podía usarla como florero, por la misma razón, y estaba demasiado desportillada para servir de adorno en la modesta sala.

Ya la iba a tirar a la caneca, cuando se le ocurrió que podría servir como maceta en el patio. La tetera sufrió lo indecible mientras era expulsada de todos lados, como un ser estorboso e indeseable. Fueron tiempo muy duros para esta antigua princesa que había vivido solo para ser bonita y lucir siempre bien presentada, sin la menor idea de lo que significaba pasarla mal, como ahora que vivía a la intemperie y nadie se fijaba de ella.

Luego de varias semanas de amargo y silencioso sufrimiento, algo totalmente inesperado le empezó a suceder. La planta que estaba naciendo en su nueva barriga de maceta le hacía deliciosas cosquillas que le hacían sentir extrañamente emocionada. La tetera no atinaba a descifrar que le pasaba, pero no podía ocultar la dicha que sentía cada vez que su nueva dueña se acercaba con la regadera y la dejaba caer sobre ella una amorosa lluvia que la llenaba de  alegría y de ganas de vivir. Su vanidad herida dejó de importarle y se dejó invadir por completo por la indescriptible sensación que la embargaba.

Un gran sentimiento de bondad llenó su corazón de tetera, y decidió entregarle todo su amor a la hermosa planta que asomaría sus ramas por su pico roto.

-Hans Christian Andersen-

Etiquetavalores
Compartir

Dejar un comentario