EL CORAJE DE ÁGATA

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panesEsta historia ocurrió en Hungría, durante la ocupación de ese país por parte de las tropas soviéticas de la segunda Guerra Mundial.

El toque de queda regía en Budapest, la capital, a partir de las cinco de la tarde. Los soldados tenían orden de disparar sobre todo aquel que encontrarán en la calle después de esa hora.

Una tarde llegó a la plaza central un camión con 1.600 panes. El camión llegó después de las cinco, de modo que había que esperar al día siguiente para poder descargarlo. Los habitantes, que no habían comido nada en todo el día, miraban con dolor y con rabia el camión desde  su casa. Entre ellos estaba Ágata, una señora de casi 80 años.

No había pasado mucho tiempo desde la llegada del camión cuando Ágata salió de pronto de su casa y bajó de él dos grandes panes, que repartió entre las personas de su familia. Los soldados encargados de custodiar se quedaron asombrados y sin saber qué hacer. A los pocos minutos, Ágata volvió y cargo más panes, que dio a sus vecinos. A la tercera salida, un soldado disparó, su arma al aire, en señal de advertencia, pero Ágata siguió con su trabajo.

Las balas le pasaban cada vez más cercas a medida que iba y venía del camión a las casas de su barrio, repartiendo los panes entre la gente. El oficial que estaba al mando de los soldados le advirtió que si seguía desobedeciendo el toque de queda, ordenaría que le dispararan a matar. Ágata respondió que lo lamentaba mucho, pero que tenía que seguir repartiendo los panes. El oficial se enfureció y volvió donde estaban sus hombres, pero ninguno, ni siquiera el mismo, se atrevió a dispararle a Ágata.

La mujer continuó descargando panes del camión durante las horas siguientes, con una admirable decisión y perseverancia. A las nueve de la noche, cuando ya había repartido más de la mitad del cargamento del camión, se desmayó en mitad de la plaza. Luego de unos segundos de gran tensión, un soldado corrió por la plaza hasta el sitio donde había caído Ágata, la alzó en sus brazos con ternura y la llevó hasta la puerta de su casa, donde se la entregó a sus familiares. Luego volvió corriendo a su tanque y se preparó a dispararle a todo aquel que se atreviera a desobedecer el toque de queda.

-Anécdota de la Segunda Guerra Mundial en Hungría-

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