Un juego de dados

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dadosHabía en la ciudad de Bénares  un hombre llamado Apu, aficionado a los juegos  de mesa. Solía practicarlo en compañía de su amigo Amir. Sin embargo, entre ambos había una gran diferencia. Apu era honesto y sabía perder. Amir no: cuando iba ganando seguía con el juego; cuando iba perdiendo, sin que Apu se diera cuenta, se metía con maña el dado a la boca y lo mantenía escondido debajo de la lengua para deshacerse de él más tarde.

 

¡El dado se perdió! No lo veo por ningún lado –decía hablando de una forma peculiar. Como si estuviera preocupado, fingía buscarlo debajo de la mesa, en las prendas de su ropa, entre los pliegues  de la alfombra y terminaba por decir.

 

-Ni modo. El juego se acabó por que el dedo no aparece.

Apu no tardó en darse cuenta  de esa trampa y decidió darle una lección. Al día siguiente de la acostumbrada cita para jugar, tomo el dado que iba a emplear y lo metió en una mezcla líquida de especias muy picantes. Los saco, lo dejó secar y como el dado era amarillo no perecía raro.

 

Amir llegó y comenzó el acostumbrado juego. Todo fue bien durante las tres primeras rondas, pues iba ganando. Pero en el  cuarto juego estaba a punto de perder. Le pareció sencillo usar el truco acostumbrado y se metió el dado a la boca. Pero en cuanto eso ocurrió sintió como si tuviera verdadera lumbre bajo la lengua.

 

¡Socorro! ¡Socorro! gritaba mientras corría de un lado al otro de la habitación.

Apu le preguntó, con malicia, que le pasaba. Amir ya no podía hablar y sólo alcanzó a sacarse el dado de la boca. Apu le acercó una bebida que ya tenía preparada, a base de mantequilla, aceite de palma, miel de abeja y jugo de caña, especial para quitar el gusto picante. Amir le apuró de un sorbo sintiendo un gran alivio. Pronto estuvo en condiciones de hablar:

 

¿Porqué hiciste eso? – preguntó Amir.

-Porque me di cuenta de que me hacías trampa en el juego y no lo podía aceptar.

¿Pero por qué te pareció tan importante, si jugamos soló para entretenernos? cuestionó Amir.

Porque quise enseñarte que entre amigos existe un compromiso de lealtad y que en cualquier situación por simple que sea, hay que conducir con rectitud. Vivir haciendo trampas sólo te traerá problemas, como este picante dado que te sorprendió. ¿Gustas otro?.

Cuento budista incluido en la antología Jataka

 

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